Un análisis de dientes antiguos ha proporcionado a los científicos una perspectiva poco común sobre las interacciones entre parientes humanos que vivieron hace cientos de miles de años, las cuales dejaron una huella duradera en nuestra especie.

Un nuevo estudio revela pistas genéticas sobre un ancestro humano denominado Homo erectus, que apareció en África hace aproximadamente 2 millones de años y se expandió a otras regiones del mundo, incluyendo Asia y posiblemente Europa.
Los restos de este humano temprano se han encontrado en países como Indonesia, España, China y Georgia. Sin embargo, la conservación de genes y proteínas en estos fósiles es limitada, lo que dificulta obtener información sobre la composición interna de esos humanos primitivos.
En esta investigación, los científicos extrajeron proteínas antiguas del esmalte dental de cinco hombres y una mujer de H. erectus, recuperados en diferentes sitios de China, para indagar cómo pudo haberse producido la mezcla entre estos primeros humanos.
Dos mutaciones clave
Los dientes, con una antigüedad de 400.000 años, presentaban dos mutaciones importantes en una proteína del esmalte dental. Una de estas mutaciones, nunca antes observada, podría ser un distintivo único de los H. erectus del este de Asia.
La segunda mutación resultó más compleja. Los investigadores identificaron una variante presente en una pequeña proporción de humanos modernos y en los denisovanos, un grupo de parientes extintos. Esto sugiere que H. erectus pudo haberse apareado con los denisovanos, transmitiéndoles sus genes en el pasado. Posteriormente, esos genes habrían llegado a los humanos modernos a través de los cruces entre nuestros ancestros y los denisovanos.
“Esto nos permite rastrear quiénes somos ahora hasta nuestros antepasados de una manera realmente fascinante y emocionante, utilizando nuevos métodos”, comentó el paleoantropólogo Ryan McRae, del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian, quien no participó en el estudio.
Sin embargo, persisten dudas
Las relaciones exactas entre estos parientes humanos tempranos aún no están del todo claras. Según McRae, podría ser que H. erectus sea simplemente un antecesor de los denisovanos, quienes eventualmente heredaron esos genes.
Se trata de un rompecabezas difícil de resolver debido a los datos extremadamente limitados. El hallazgo de nuevos fósiles y el análisis en busca de restos de ADN podrían contribuir a consolidar la historia de la evolución humana.
“Realmente necesitamos obtener más ADN y fragmentos de H. erectus para determinar cómo este predecesor se relaciona exactamente con otros humanos”, afirmó Qiaomei Fu, autora del estudio y especialista del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología en China.
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Con información de AP.
