Pablo Moyano, el secretario general del sindicato de Camioneros, renunció a su cargo de cosecretario en la CGT debido a diferencias con la «mesa chica» de la central obrera

Esta decisión se produjo después de que la CGT rechazara la posibilidad de realizar medidas de fuerza antes de fin de año y optara por buscar un diálogo con el gobierno de Javier Milei
Moyano ya había estado en desacuerdo con la dirección tomada por la CGT, especialmente en relación con la organización de un paro nacional en diciembre.
La renuncia de Moyano ha generado reacciones diversas, incluyendo la celebración del gobierno de Milei, que ve en esto una oportunidad para avanzar en su agenda económica. Moyano, por su parte, está construyendo una alianza con sindicalistas más combativos para enfrentar al gobierno
Antes de formalizar su renuncia de la CGT, Pablo Moyano ya había empezado a construir una alianza de sindicalistas duros para enfrentar al gobierno de Javier Milei. El camionero, un dirigente que en privado reniega del ejercicio de hacer política, comenzó así a reunir las piezas que la derrota electoral del peronismo había dejado desperdigadas. Se acercó a las dos vertientes de la CTA, que avanzan en un proceso de reunificación tras casi 15 años de fractura, y forjó un vínculo con Alejandro Gramajo, titular de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (Utep) y mano derecha de Juan Grabois.
En paralelo a este armado, intentó el resurgir de la confederación de gremios del transporte. La unidad duró menos de dos meses y se rompió esta semana a pesar del fuerte impacto que tuvo el paro sectorial del 30 de octubre último. Moyano no fue capaz de reconciliar posturas con los colectiveros de la UTA, que están hoy en conflicto por el pago del medio aguinaldo, y la convivencia con el ferroviario Omar Maturano duró un santiamén. La solución del conflicto aeronáutico también complicó con sus planes de activar protestas a repetición.


